Cañas, biberones y esperanzas
Cañas, biberones y esperanzas Historias de bar Al principio eran solo un par. Una pareja joven, trabajadores los dos, con mochilas de portátil, bocadillo, ropa usada y caras de jornada larga. Entraban al bar, se pedían una caña y algo para picar, y se contaban el día con una mezcla de cansancio y entusiasmo. Había en ellos una prisa por vivir. Una ilusión contenida. Luego vinieron más. Otra pareja. Y otra. Se fueron sumando hasta llenar la mesa grande del ventanal, que a esas horas se convertía en su rincón habitual. Entre cañas y tapas se hablaba de alquileres, de jefes pesados, de series de moda y de escapadas de fin de semana. Reían mucho. Hacían planes. El bar se llenaba de una luz especial con esa energía suya que parecía decir: "estamos empezando algo" . Yo les servía casi sin preguntar. Ya sabía lo que pedían. Ellos me saludaban por mi nombre, y a veces dejaban propina sin darse cuenta. Me caían bien. Eran de esos que dan vida al local sin armar ...